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Los Deditos de Mis Manos

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       Escrito por: Suyín Isturiz E n mi mano chiquitica yo tengo cinco deditos: Tengo uno chiquitico y a él le llaman meñique y aunque  tal vez su nombre gran cosa no signifique ayer me lo he lastimado y mi mamita le dijo “ven aca dedo chiquito que eres mi consentido” Luego viene el anular, es un señor muy formal mi papito ayer me dijo algo que no entendí bien: Que cuando crezca y me vuelva un adulto exitoso, Cuando sea muy estudioso o cuando forme familia Mi anular llevará anillo en señal de alegrías Después viene el dedo del medio, es un dedo grandulón ese de verdad es alto y le dicen “corazón” de los dedos de mi mano parece ser el mayor él apoya a sus hermanos con cariño y con amor El índice sigue luego, es un dedo singular Muy activo y preguntón, todo quiere señalar siempre me ayuda a orientarme y a decir aquí o allá “No señales a la gente”, me recuerda mi mamá. Y ya para terminar esto queda un dedito espec...

El Perro , la Araña y la Luna

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Autora: Suyin Isturiz     H ace mucho tiempo, en un jardín de una pequeña y hermosa casita ubicada en el llano venezolano, se encontraban los protagonistas de esta historia. Un perro llamado Bolfo, que era muy gruñón, siempre solo y de mal humor, ocupado en enterrar sus huesos, sin compartir ni enterarse de lo que sucedía a su alrededor, ya no era tan joven y el peso de la soledad lo hacía caminar lento y de peor humor que nunca, pues el tiempo se le iba despacito y sentirse sin amigos lo iba afectando de a poco.     En otro rincón del patio, entre un mullido matorral de piñas, al fondo y alejada de la luz del sol, estaba doña Griselda, la arañita tejedora, que no cesaba de tejer ni de día, ni de noche, solo tejía y tejía para olvidar su soledad, nadie se acercaba a aquel lugar donde se podían quedar enredados entre semejante telaraña tan inmensa, así que cada vez veía a menos compañeros de jardín, y entonces tejía con más frenesí para no recordar su pena. ...

La Naranja que no Quería Caer

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  E n una zona llanera del territorio venezolano, en un frondoso árbol de naranjo, unida por una ramita, una preciosa y jugosa naranjita, fue creciendo poco a poco con la lluvia y el sol, y aunque en sus principios fue verde, al pasar del tiempo se tornó de un color amarillo verdoso, como lo hacen las naranjas venezolanas, y por su tamaño ya se sentía muy pesada.   Cuando soplaba el viento sentía mucho miedo, pues había visto a sus hermanas naranjas caer y no había vuelto a saber de ellas, así que temía por su futuro. El árbol de naranjo la invitaba a desprenderse y seguir su camino, pero naranjita se ponía " naranja " de sólo pensarlo.   Al pasar de las semanas, naranja se comenzó a sentir muy sola, sus hermanas ya habían caído y además percibía que su corteza comenzaba a endurecerse y a ponerse reseca. Fue inevitable que al posarse un turpial sobre naranjita, se hiciese realidad su mayor temor, de un picotazo del ave, naranjita cayó al vacío. Sólo escuchó un g...

El Enojo del Sol

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Autora: Suyín Isturiz H ace mucho pero mucho mucho tiempo, el Sol estaba ¡furioso!, lanzaba llamas de un lado a otro, girando una y otra vez. Sus bolas de fuego lastimaban a todos los planetas a su alrededor, de hecho si te fijas bien, la Luna tiene unos hoyitos que le quedaron de aquella rabieta que tenía el Sol. ¿Pero por qué estaría tan furioso el Sol? Pues resulta que estaba cansado de ser el único que lanzase fuego, se sentía solito y no sabía cómo expresar su enojo.    La Tierra cansada de aquella pataleta tan tremenda le dijo: -       -  Oye amigo no puedes solucionar tu enojo lastimando a los demás, ¡eso no es nada amable!    El Sol, algo apenado por el llamado de atención de la Tierra, le contestó: -Es que estoy muy cansado de ser el único que tenga fuego dentro de sí, quisiera algo de compañía.    Y la Tierra, pensando en la situación del Sol y queriendo ayudar, le hizo una propuesta: - Y si en vez d...

Tino, el Rinoceronte

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  Escrito por: Suyín Isturiz      H ace mucho, mucho tiempo, en una selva lejana del África, se encontraba el primer rinoceronte del mundo, su nombre era Tino. Era un animal muy pesado, todo el día molestaba a los animales más pequeños y los hacía correr con sus ágiles patas y los espantaba con sus dos poderosos cuernos. Cuando Rino llegaba al estanque a beber agua, los demás animalitos corrían para evitar las pesadas bromas de Tino, él se burlaba de la debilidad de los más pequeños sólo porque él tenía más fuerza.  En el fondo, Tino se sentía solo, y mientras más molestaba a los animales, más sólo se quedaba, pues todos huían de él.  Cuando llegó la sequía a la selva, los árboles se secaron, el sol era muy intenso y entonces, ¡comenzaron los incendios!.      Era una tarde calurosa cuando Tino percibió el humo que venía de la parte más lejana de la selva, comenzó a correr tan rápido como le daban sus cuatro patas, pero de pronto es...

Acuarela

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Un Regalo porque Ven ezu ela en una Acuarela (Con Amor para nuestra querida Génesis Moncada) Letra de Acuarela, de Elenco de Junior Express En los mapas del cielo El sol siempre es amarillo Y la lluvia o las nubes No pueden velar tanto brillo Ni los arboles nunca Podran ocultar el camino De su luz hasta bosque Profundo de nuestro destino Esa hierba tan verde Se ve como un manto lejano Que no puede escapar Que se puede alcanzar solo con volar Siete mares, he surcado Siete mares, color azul Yo soy nave, voy navegando Y mi vela eres tu Bajo el agua veo peces de colores Van donde quieren no los mandas tu Por el cielo va cruzando Por el cielo color azul Un avion que vuela alto 10 mil metros de altitud Desde tierra lo saludan con la mano se va alejando no se donde va no se donde va Sobre un tramo de via cruzando un pasaje de ensueño En un tren que me lleva De nuevo a ser muy pequeño De una america a otra Tan solo es cuestion de un segundo Basta con desearlo Y podras recorre...

Monito, Tigre y sus Zapatos

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Escrito por: Suyín Isturiz     H ace mucho, mucho tiempo en una gran selva Orinoquia, se encontraron un monito y un tigre, el monito sentía simpatía por los grandes saltos que daba el tigre y el tigre se asombraba cuando veía al monito brincar entre los árboles.     Al principio el monito no bajaba de los árboles para hablar con el tigre, le daba un poco de miedo por aquellos ¡grandes colmillos!, solo hablaban desde lejos, contando sus aventuras y  haciendo morisquetas, el mono brincaba de un árbol a otro de alegría y el tigre daba grandes saltos entre carcajadas.     Un día el monito pensó que era momento de bajar del árbol a jugar con su amigo Tigre, y lo esperó sentado al pie del árbol, como siempre. Cuando el tigre llegó sintió sorpresa y alegría de ver al monito bajo el árbol y se acercó con cautela para no asustar a su amigo mono. Cuando de pronto percibió el tentador olor de los pies del amigo monito y sintió unas ganas terrib...